lunes, 3 de febrero de 2014

#02 {semana del 27 de enero al 2 de febrero}

{primeras impresiones}


Empieza de verdad mi inmersión en la rutina del centro. Mi intención es aprovechar al máximo estos dos meses para intentar aprender todo lo que pueda de la realidad educativa.

Acuerdo con la coordinadora del prácticum que asistiré a algunas de las clases de los otros profesores del departamento de matemáticas para completar mi formación, ya que mi tutor tan sólo imparte clase a los dos grupos de primero de bachillerato y por lo tanto no tiene un número suficiente de horas de docencia para que yo complete mis 120 horas y, lo que es más importante para mí, no podría observar los diferentes niveles educativos.

La acogida por parte de todo el mundo ha sido muy buena. De hecho, no deja de sorprenderme que mis antiguas profesoras se acuerden de mi... ¡ha casi 20 años que me dieron clase!
Es muy agradable hablar con ellas después de tanto tiempo, ¡tengo ganas de coincidir en alguna guardia o en la cafetería!

{mis chicos}


El miércoles asistí a la primera clase/toma de contacto con el grupo que mi tutor me ha asignado para que imparta la UD. 
Es un grupo poco numeroso, sólo 17 alumnos, de 1º de bachillerato de ciencias sociales.

La primera impresión es que es un grupo tranquilo, poco participativo. Mi primer objetivo será conseguir "despertarlos" y que participen en la dinámica de la clase... ¡no quiero ver gente aburrida! (o al menos, no mucha). Curiosamente, y a diferencia del otro primero de bachillerato, la clase se rellena de final hacia adelante. Parece que la primera fila se reserva para los "castigados" a estar en ella. 

CC Popperfoto

{mis primeras clases}

Como mi tutor pensó que lo mejor era que me lanzara a la piscina cuanto antes, dedicamos nuestra primera reunión de la semana a preparar la programación de aula, ya que la unidad didáctica que voy a impartir "iniciación a las derivadas" empezaría en cuanto acabaran el tema en que estaban actualmente trabajando.

Lo más interesante, para mí, ha sido aprender que la programación ha de ser flexible, ya que aunque yo sea capaz de estructurar las sesiones según un criterio, no conozco al grupo y por lo tanto aún no puedo prever qué ritmo de aprendizaje y asimilación llevarán.

El jueves, a primera hora me lancé a la piscina. Tras una clase de introducción al tema, el tutor, que había estado observando sentado al final de la clase, me felicitó y sugirió un par de detalles para mejorar en las siguientes sesiones. "No tengas miedo a escribir en la pizarra, ya que lo que no les escribas, posiblemente no lo hagan". Es curioso, pero los niños de 1º de la ESO son más formales con los deberes... ¡cosas de la edad!

{sola ante el peligro}

cc Tomaso Spiga
Y así llegó el viernes, y me quedé sola con ellos. He estado leyendo el fantástico blog de Santiago Moll, justifica tu respuesta y tenía en la cabeza sus consejos para enamorar a mis alumnos.

Los consejos son de Santiago Moll, ¿eh? Que nadie piense que soy tan lista que ya puedo ir yo dando consejos... me he limitado a enumerarlos y a comentar mi experiencia con ellos. Si queréis saber más cosas, podéis leer el post completo {aquí}.

Si bien muchos de ellos dada la edad del grupo y al no ser más que la primera clase no los pude poner en práctica, hubo otros que me sirvieron... o eso espero.

1. Entra sonriendo. Sencillo y eficaz. Soy una persona bastante seria, así que me tengo que esforzar por sonreír cuando no estoy haciendo nada.

2. Cuenta una anécdota. En mi caso, más bien les conté un poquito de mí... que no soy matemática sino arquitecta. No se me ocurría nada, así que me la guardo en la recámara.

3. Finaliza la clase con un vídeo. Imposible, la verdad, ni las sesiones de 55' dan para mucho, ni la materia actualmente nos sirve para trabajar con vídeos. No descarto introducir material con el ordenador para complementar las clases o el viernes colocarles un video sobre el juego de la vida para que aprendan a enamorarse de las matemáticas.

4. Aprende de tus alumnos. En mi caso, fue lo primero que les dije: estoy aquí para aprender de vosotros, ayudadme. Me gustaría que se estableciera un feedback entre nosotros, es una oportunidad de oro, tanto para ellos como para mí. No soy exactamente su profesora, y debería aprovecharse de ello, en el buen sentido.

5. Da o presta algo que sea tuyo. Y allá que me fui al instituto con el bolso bien lleno de cosas... caramelos, pañuelos de papel, calculadora, boli azul.... No los usé en mi grupo, pero sí en otro, en el
que di un par de pañuelos a dos mocosuelos de 1º de la eso que se estaban "peleando" por uno.

6. Di o haz algo inusual. Esto tengo que pensármelo un poco más... ¡no sé qué hacer que no se vea totalmente ridículo!

7. Intercambia los papeles. Creo que el miércoles empezaré por ahí, les propuse dedicar la zona izquierda de la gran pizarra para ir anotando las fórmulas que vamos utilizando a lo largo de la UD. ¿Y si le pido a alguien que salga a escribirlas él y que sea él quien haga el repaso de lo aprendido?¿funcionará?

8. Convierte a un alumno en protagonista. Mi tutor es algo despistado y olvida con frecuencia los nombres de sus alumnos. A uno de ellos, a pesar de que el muchacho lo corrige, lo llama sistemáticamente Fernando. Lo primero que pensé fue... apréndete su nombre y a la primera ocasión, llámalo por él. Me dio la impresión de que, por su expresión, a él me lo he ganado con ese gesto tan sencillo.

9. Crea expectativas. A pesar de los consejos, desde la primera clase les he ido anticipando qué estamos haciendo y cuál es el final del camino. En un momento de la clase les dije: ¿lo habéis entendido?¿Sí?Pues ya habéis aprobado el curso, porque esto es lo más importante y lo que no se os puede olvidar, es la clave del tema y del curso". Me gustó el clima que se creó, sobretodo porque era una conclusión a la que ellos mismos habían llegado. 


10. Bromea. He conseguido que mis alumnos se rían. A algunos no les hago gracia, lo sé, y me lo hicieron saber con una burla, sin embargo, gracias a mi profesora de ADA Mercé Guarinós, supe cómo salir airosa de esa situación: con asertividad. Lo mejor fue, que a pesar del toque de atención, el resto de la clase fue igual de intensa y distendida. 


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