lunes, 24 de febrero de 2014

#05 {semana del 17 al 23 de febrero}

Y llegó la hora de poner el examen. ¡Qué fácil parece! Pues no, no lo es en absoluto. En ese momento descubres que no es tan sencillo como habías pensado. ¿Qué es justo? ¿Como distribuyo el contenido de la unidad y cómo le asigno una puntuación a cada ejercicio?
Después de darle un montón de vueltas, lancé una propuesta y la comenté con mi tutor. Nos pareció adecuada y así quedó la cosa... 

Una de la cosas que descubres cuando preparas la evaluación de una parte del temario es que no siempre lo que crees que los alumnos han aprendido, lo han aprendido de verdad.

Pero lo más significativo que yo he aprendido de esta experiencia es que hay que controlar bien qué se pregunta porque sino el CAOS está asegurado. Os explicaré qué quiero decir...

Tal y como yo había planteado el examen, con los datos que les dí, la pregunta fundamental del examen no tenía solución posible. Siempre me ha gustado ayudar a los alumnos, considero absurdo (ya me lo parecía como alumna) intentar pillar a los despistados con las popularmente llamadas preguntas trampa, así que decidí ayudar a mis alumnos dándoles parte del trabajo hecho (una parte que no consideraba que fuera importante, pero que podía hacerles perder mucho tiempo). El problema llegó al transcribir el examen. Me equivoqué en un signo. Sí, ese error tan común entre los chavales y que nos trae de cabeza a los profesores... un signo, que convertía todo el ejercicio en un sinsentido.

Al darme cuenta, con los exámenes ya en casa y preparando la plantilla de corrección... entré en pánico. ¿Y ahora qué? ¿Qué hago?

Pensé que debía hacer lo más justo. Y sobretodo, hacer que mi error (humano, pero error) no perjudicara a nadie. Esa pregunta no sería evaluada, y en el caso de que alguien hubiera llegado hasta el final con ella, a pesar del absurdo, la tomaría en consideración sólo para sumar. El examen pues, pasó de estar valorado sobre diez a estar valorado sobre siete y medio.

Los alumnos acogieron esta anomalía con alegría, ya que significaba que sus probabilidades de obtener el ansiado 5 aumentaban. Yo respiré tranquila al ver que mi tutor no le daba una gran importancia... aún así, esta experiencia me ha servido para algo fundamental: yo también debo comprobar lo que escribo... igual a que mis alumnos, un signo me puede dar muchos quebraderos de cabeza...

Ahora. sólo me queda corregir los exámenes y ver qué aprendo sobre mi papel como docente.


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